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Mitologia

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Judaísmo Kipur

“El Eterno es mi luz y mi salvación (Salmo 27,1)
El eterno es mi luz... en Rosh Hashaná
Y mi salvación... en Kipur (Midrash)

Cada uno anticipa con aprensión este día temeroso en que será decidido nuestro destino y sellando nuestro veredicto; pero lo que la persona no iniciada no alcanza a captar es la dimensión real de Kipur: una fuerzo espiritual extraordinaria fue otorgada a ese día, que impresiona incluso al corazón más alejado del Judaísmo. Aun éste siente la necesidad de manifestar su identidad judía por más desvinculado que esté, uniéndose a todo el pueblo congregado en la sinagoga.

Cada hijo de Israel, descendiente de Jacob, llamado Israel, posee una centella del alma de Jacob –Nefesh Yaacov- la centella de la verdad de la Torá que Yaacob personificó.

Aun por sus múltiples faltas, por un alejamiento del Judaísmo, el Judío haya podido ahogar en sí esa centella sagrada, jamás podrá extinguirse completamente. En le día del Kipur, un soplo nos llega de las más altas esferas espirituales iluminando nuestro espíritu y ayudándonos a rechazar las seducciones de una vida “libre” de las exigencias del Judaísmo, sin el freno moral que nos impone.

Este soplo aviva nuestra centella perpetua. Su efecto es variable. A ciertos individuos les exhorta a redoblar de fervor, a sostener su elevación, a otros sólo les produce un empuje fugas, algo para calmar una conciencia inquieta, un simple entusiasmo que se disipa después de Kipur.

Todo depende del ardor con el cual nos hemos preparados para acoger este soplo providencial a fin de avivar nuestra llama judía, gracias a nuestra comprensión del valor de este gran día y de su alcance.
Reconciliación la víspera de Kipur

1. Las faltas cometidas hacia el prójimo no se perdonan a menos que el culpable repare el daño causado y pida excusas. Si el ofendido no quiere disculparse, debe solicitar de nuevo perdón haciendo intervenir a tres personas con él, y reiterar esta solicitación si es necesario. Si después de tres veces el ofendido sigue rehusando disculparle, no tiene la obligación de insistir, pero reunirá a diez personas ante las cuales declarará: Cometí tal culpa hacia fulano y le pedí excusas, pero él rehúsa perdonarme.

2. Si el ofendido es su Maestro o su Rabino, debe seguir insistiendo tantas veces que sea necesario hasta obtener perdón.

3. El ofendido no debe de ser cruel, sino aceptar rápidamente las excusas sin guardar rencor. Sin embargo, si aquel le sacó mala fama, no tiene obligación de perdonarle.

4. Si el ofendido falleció, va a su tumba acompañado de diez personas y declara: pequé contra D´s y contra esta persona.

5. Antes de ir a la sinagoga a la entrada de Kipur, hay que besar la mano de su padre y de su madre y pedirles perdón. Es un deber sagrado hacerlo y el que se abstiene es llamado pecador, pues desprecia el honor de sus padres.

Si la Torá ordenó disculparse del prójimo la víspera de Kipur, esto se aplica con más razón al deber de los hijos hacia sus padres. Maridos y mujeres deben igualmente pedirse perdón mutuamente por cualquier contrariedad ocurrida entre ellos. El discípulo tiene también obligación de pedir perdón a su maestro.

Luces en honor de KipurLuces en honor de Kipur

1. Se acostumbra encender velas la víspera de Kipur, como para Shabat. Antes de encender se dice la Berajá:

Baruj Ata Ado-nay Elo-kenu Melej Haolam Asher Kideshanu Bemitsvotav Vetsivanu Lehadlik Ner Shel Yom Hakipurim.
(Bendito Tu.. que nos consagró con sus preceptos y nos ordenó de encender la vela de Kipur).

2. Si kipur cae en Shabat, se dice la Berajá:

Baruj Ata Ado-nay Elo-keinu Melej Haolam Asher Kideshanu Bemitsvotav Vetsivanu Lehadilk Ner Shal Shabat Ve Shel Yom Hakipurim.

(Bendito Tu.. que nos consagró con sus preceptos y nos ordenó de encender las velas de Shabat y de Kipur)

3.Se acostumbra encender numerosas luces en la sinagoga.

 

 


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